4 de diciembre de 2009

La UE quiere dejar el campo español en manos de los grandes lobbys agrarios


La UE aplica un ERE a la viña manchega

La política de la UE quiere hacer las tierras competitivas. La Mancha se desertiza y los terratenientes se hacen con más hectáreas. Los pozos agotan los acuíferos y los pequeños agricultores abandonan el campo a los 55 años.

MARÍA JOSÉ ESTESO POVES / MADRID
Jueves 3 de diciembre de 2009.  Diagonal Número 114




Viñedo Manchego
Castilla La Mancha está considerada el mayor viñedo del mundo. Representa el 50% de la superficie vitivinícola del Estado español y es la sexta superficie de Europa. Pero el campo agoniza y, por eso, los agricultores se manifestaron la semana pasada. La viña está bajo el Plan de Reestructuración de la Organización Común del Mercado (OCM) vitivinícola, una política dirigida a liberalizar el sector. El liberalismo económico se ha instalado en el cultivo de las viñas y las consecuencias afectan a lo económico, lo social y lo medioambiental.
Después de la sequía en los ‘80 se abrió la puerta al riego de las viñas. Hasta ese momento nadie concebía regarlas, eran de secano. Se impulsaron y se subvencionaron con el plan de mejora de las explotaciones los ‘riegos de socorro’ o ‘de apoyo’, que se convirtieron en regadíos encubiertos. En los ‘90 se puso en marcha el Plan de Reestructuración del viñedo. La Política Agraria Común (PAC), subvenciona la introducción de variedades ‘mejorantes’ en La Mancha: uva francesa y otras variedades españolas consideradas más productivas. Mientras, las autóctonas no se promocionan e incluso algunas se extinguen.
El arranque de cepas 
Antonio Aguado es hijo de campesinos. Se marchó del pueblo para estudiar Ingeniería Agrícola en Albacete. Un buen día decidió volver a su pueblo, El Provencio (Cuenca), para trabajar la tierra junto a su compañera, tener hijos y apostar por el modelo de agricultura ecológica. “A mi padre le di un disgusto, después de estudiar una carrera, volver a trabajar la tierra…no lo entendía. Cogí sus viñas de regadío para volver al secano. El campo es una ruina, como dicen los agricultores por aquí. El estado psicológico de los hombres que trabajan la tierra es algo de lo que no se habla, pero esta política no hay quien la entienda. Es como un partido de tenis, ahora sí, ahora no. Ahora se subvenciona arrancar viña y también se paga por plantarla; ahora se permite regar las cepas, antes estaba prohibido; ahora las variedades autóctonas no sirven, tienen que ser francesas… Se ha perdido la perspectiva. Con la viña tienes que pensar en plazos de 20 años”, señala Aguado.
Con el caramelo de las subvenciones se empezó a transformar la estructura del viñedo, se pasó a un concepto de productividad. Comenzó a subvencionarse “poner espaldera” (emparrar las cepas) para introducir la maquinaria y así pagar menos jornales. A partir de entonces el campo se ha descapitalizado, el agricultor gasta en nuevas máquinas, gasoil y productos fitosanitarios, que contaminan los acuíferos. Según Aguado, “existe un 70% del suelo agrario que tiene una limitación de uso de abonos nitrogenados. Las cosechas no se venden y además hay que cambiar también el sistema de poda. Si siempre han sido cepas pegadas a la tierra para mantener la humedad, ahora la planta se eleva, respira más y necesita más agua. La viña se vuelve dependiente del agua. Produce más, pero el vino es de peor calidad. Y esto se subvenciona. La administración hace la vista gorda a cientos de pozos ilegales que van vaciando los acuíferos. Y todo con la bendición de los sindicatos agrarios y las cooperativas”.
La sequía de los últimos años y el abuso de los regadíos han secado, sobre todo, los acuíferos 18 y 23, aguas subterráneas que transcurren por Albacete, Cuenca y Ciudad Real. Para sacar el agua que precisan las viñas de regadío se están realizando pozos que extraen el agua a más de cien metros por debajo del nivel del suelo. Muchos pequeños agricultores no pueden pagar el precio de buscar agua, cada vez más profunda.
La situación de las Tablas de Daimiel no es casual. El regadío de la viña es el que más afecta al acuífero 23, “si se regaran 150.000 hectáreas de viña se chuparían el acuífero”, advierte Miguel Ángel Hernández de Ecologistas en Acción.
El paisaje manchego empieza a ser desolador. Miles de hectáreas (ha) de cepas arrancadas, amontonadas en la tierra. Según la Consejería de Agricultura, en estos dos últimos años hay más de 22.000 solicitudes de arranque, y aún falta un año para completar el plan. Según el sindicato del campo COAG, en el último año se han arrancado 31.500 ha. A éstas hay que sumar al menos, 60.000 ha que se arrancaron en los ‘80 y los ‘90. Después de arrancar las viñas se ha vuelto a plantar uva subvencionada y se ha financiado la desinfección del terreno con químicos, sin dar tiempo a la tierra para descansar.
La transformación ya es imparable. Los grandes capitales se han instalado en La Mancha y los ricos del ladrillo compran las tierras que dejan los pequeños agricultores. Grandes bodegas como Osborne y Tomé hacen su agosto. Mientras, las cooperativas agrarias no pueden vender el vino. “En La Mancha sólo falta guardar el vino en las piscinas. Con el regadío la producción se ha disparado”, asegura Aguado.
Para Alfonso Marín, Secretario de COAG, el regadío no va en detrimento de la calidad. “En Castilla La Mancha hemos demostrado que se puede sacar un buen vino. No pasa nada por regar la viña”. Según este sindicalista, el plan de reestructuración subvenciona regar la variedad manchega Airén para producir cuatro veces más. “El problema aquí son unos señores que necesitan uva competitiva para hacer mosto y alcohol de boca”. Sin embargo, para Fidel García, coordinador en la región del Movimiento por la Soberanía Alimentaria, el problema va más allá: “En Europa se lucha contra la PAC, que quiere dejar el campo en manos de tres o cuatro grandes grupos agroalimentarios. El derecho a la tierra se privatiza y se va a un sistema extensivo subvencionando al gran capital. No queremos vivir a costa del sufrimiento de los productores del tercer mundo, queremos consumir nuestros productos y vivir con dignidad”.
Fernando Moya es un agricultor manchego. Le queda poco para jubilarse, pero a la pregunta de cómo marchan las viñas, aprieta los labios y gira la cabeza con resignación “Madre mía…Que si el gasoil, los insecticidas, el tractor…no se saca na’. El vino del año pasado todavía no lo hemos cobrado, y el de este año vamos a ver si lo vende la cooperativa. Vivimos pendientes del cielo y ahora está esto del arranque”. Para colmo, con la burocratización del campo, le ha llegado una carta de la Consejería de Agricultura diciéndole que dos de sus viñas son ilegales, aunque consten en el catastro, porque no las dio de alta en un censo que va encaminado a controlar la producción. Le piden 12.000 euros.
Incendio en las Tablas de Daimiel
En manos de los lobbies 
Para plantar nueva viña es necesario pagar derechos y eso está beneficiando también a los que más tienen. El futbolista Andrés Iniesta se ha dedicado a comprar derechos de viña. Ahora es un potentado del vino. También grandes bodegas de La Rioja han pagado derechos. El vino es de La Mancha y se elabora y embotella con etiqueta de La Rioja.
Sin embargo, para la Consejería de Agricultura este es un plan que beneficia a los pequeños agricultores. DIAGONAL ha hablado con Cruz Ponce, técnica encargada de cursar las solicitudes de arranque y gestionar las ayudas. “Pretendemos profesionalizar el campo. La ayuda al arranque es una salida digna. Se paga para abandonar la agricultura. La mayoría de las solicitudes vienen de pequeños agricultores, la mayoría de más de 55 años, también hay algunos grandes propietarios” señala Ponce. Sobre el futuro de los agricultores la Consejería dice que ya se les subvenciona para que planten pinos.
Para Cipriano Escribano, agricultor y miembro de Ecologistas en acción en Albacete, “se está especulando con la viña”. En los ‘80 se pagó a 8.000 euros la hectárea y se permitió hacer pozos y regar hasta 7.000 metros cúbicos por hectárea, “para darle un repaso a los acuíferos –ironiza Escribano–. Los nuevos ricos empiezan a poner viñas en terrenos abandonados que eran de secano. Y encima empiezan a entrar vinos de Chile, Sudáfrica y Argentina. Mientras, nos cargamos nuestras variedades autóctonas, como la bobal y macabeo, y otras que hemos extinguido como la moravia dulce y la tardana”.
Actualmente, la administración está pagando hasta 14.000 euros por hectárea arrancada, “es una segunda oportunidad de enriquecer a los terratenientes: aquellos que plantaron, ahora arrancan para volver a cobrar”. Junto a esto, se pierden los métodos de producción tradicionales: “Hacen cosas que antes estaban prohibidas, por ejemplo, no se podía pisar el vino en el remolque para evitar que fermentara; ahora, la maquina que vendimia estruja los granos y el vino llega medio fermentado a la bodega. Las cooperativas han fracasado, –resume Escribano– . La política es que los pequeños agricultores vayan desapareciendo. Ellos no quieren arrancar, pero no les queda otro remedio. Este es un camino dirigido por la UE que quiere dejar el campo español en manos de los grandes lobbys agrarios”.

ARTÍCULO RECOGIDO DE DIAGONAL
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