29 de abril de 2011

Una sociedad de Consumo

En los años 80 en España han dejado imágenes para la posteridad. Las hombreras, los peinados escaldados y las consecuencias de la droga son algunas de ellas.
26/04/2011
Por Pablo G. de Castro
Texto elaborado con motivo del II premio "Por una universidad sin drogas".

El consumo del hachís, la heroína y la cocaína se confundió  con las ansias de libertad de una sociedad oprimida por la dictadura franquista. La alarma social sobre el problema de la drogadicción  y sus efectos surge a finales de los años 70, aunque el porcentaje de consumidores no era muy elevado, las consecuencias en la salud de muchos ciudadanos, sobre todo entre los sectores más desfavorecidos de la sociedad, se hacían evidentes. El consumo de heroína se extendió con más fuerza entre la población más pobre y marginal y con ella el VIH/SIDA. 

Junto con el auge de la droga en los años 80 aparecieron las asociaciones contra la drogadicción. El objetivo de éstas primeras asociaciones sigue siendo el mismo que hoy: prevenir las drogodependencias y facilitar la incorporación en la sociedad tras la exclusión sufrida por personas drogodependientes y/o con SIDA. A mediados de los ochenta, el Plan Nacional sobre Drogas, y distintos Planes Autonómicos, se ponen en marcha para atender el problema de la drogodependencia. Sin embargo, los programas de prevención que facilitasen la asistencia y la integración social de los drogodependientes puestos en marcha no fueron suficiente para impedir que en los 90 se produjese un consumo normalizado y generalizado. La imagen de los consumidores cambió: ya no sólo consumían estas sustancias ciudadanos marginales. La clase media comenzaba a consumir cocaína. Un estudio realizado por el Instituto de la Juventud en el año 1996, refleja que consumir drogas se aceptaba como un acto normal. 

La cocaína se vendió a través de los medios de comunicación como una sustancia de triunfadores. Sin embargo, la relación de esta sustancia con la idea del éxito estaba muy alejada de la realidad. El consumo de la cocaína se extendió casi por igual al de la heroína y los efectos y consecuencias son similares. En Sevilla existen varias asociaciones que tratan de luchar contra esta lacra social que aún perdura. Liberación es la Federación Provincial de Drogodependencia en la que están federadas las asociaciones de la capital hispalense y Enlace la federación andaluza de drogodependencia en la que también están integradas.  Trabajadores sociales, psicólogos y educadores sociales coinciden en la importancia de estar informados, ya que la droga forma parte de nuestra vida cotidiana y al final todo reside en una cuestión personal. 

La labor de las asociaciones cambió a mediados de los 90, cuando la administración delegó en ellas parte del trabajo que llevaba a cabo desde asuntos sociales.  Se encargaban de facilitar la atención médica a las personas drogodependientes tratando la adicción de los consumidores. Las asociaciones se encargaban de realizar el trabajo de calle y llegar allí donde la administración no llegaba. Informar, prevenir, apoyar a los familiares y concienciar a la sociedad son algunos de los objetivos que hoy añaden a la labor sanitaria que también ofrecen.

Actualmente el consumo de heroína ha descendido, sin embargo, datos aportados por el Plan Nacional sobre Drogas advierten de que la cocaína, el cannabis, el éxtasis, las anfetaminas, el alcohol y el tabaco son mercados en alza en España, sobre todo entre los más jóvenes. El peligro social que inspiraban la heroína y el drogadicto han disminuido, pero esa normalidad social ante unos consumidores que no plantean problemas de delicuencia abre una nueva dimensión de las drogodependencias. Informar con rigor de las consecuencias de estas sustancias es una necesidad social que permitirá no sólo concienciar a la población, sino también ayudar a las diferentes asociaciones en su labor diaria. 

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