11 de septiembre de 2017

Dos apuntes en torno al cartel de María Cañas para el SEFF 2017

Nota preliminar: Debido al linchamiento que desde ciertos sectores reaccionarios se ha promovido contra la artista es obligado mostrar mi más completa solidaridad y afecto hacia ella. A partir de aquí empecemos a hablar de lo importante: el estado actual del arte y dejar a María en paz.




Antes de empezar es importante definir el campo desde el cuál se va escribir este artículo, y éste parte de la tensión inmanente dentro del arte al haber realizado el programa de vanguardias sólo a medias: se consiguió la autonomía del arte, pero no su superación. Durante el siglo XX el arte luchó por separarse de la tiranía académica y liberar al espíritu humano de todo prejuicio o norma. El primer paso fue generar un espacio de autonomía que debía ser una etapa hacia el posterior diluir del mundo de la separación – el mundo de los especialistas – y concluir en la superación del arte; momento en el cual la creatividad humana estaría generalizada y las diferencias espectador-creador serían meramente coyunturales, pues ambos roles nos pertenecerían a todos. Sin embargo esto jamás ocurrió.

En seguida, el capital vio con buenos ojos la autonomía del arte y la fomentó, viendo en esta situación un modo de generar nuevos valores especulativos, pero no se permitió lo segundo pues amenazaba la transformación del potencial artístico en mercancía. Como resultado se llegó a una nueva academia basada no ya en las antiguas normas, sino en la idea del "arte por el arte" y así los medios de las antiguas vanguardias son ahora los medios de la nueva clase hegemónica en el mundo de la cultura.

Teniendo esto presente podemos comprender que la disputa entre detractores del cartel de Cañas y defensores ha sido una suerte de pelea entre los restos de la antigua manufactora artística con los actuales propietarios de la cultura. En realidad el trabajo de Cañas se enmarca perfectamente en los valores dominantes en el mundo cultural occidental, si ‘aquí’ parece lo contrario es sólo por el atraso en que nos encontramos en el Valle del Guadalquivir y por extensión en el resto de la península. Empecemos.

PRIMERA PARTE
QUERIDOS TROGLODITAS, EL APROPIACIONISMO NO ES ROBO

Hace tiempo que las técnicas de reproducción y difusión de la imagen pusieron en crisis el modo de producción artístico preindustrial, puesto que éste era incapaz de satisfacer la nueva demanda generada por una económica que caminaba hacia la globalización. Por desgracia en España – y sobre todo en Andalucía –, dada nuestra posición marginal dentro del desarrollo económico-cultural europeo y sobre todo dados nuestros sistemas de formación anclados en el pasado, existe un desfase entre la concepción del arte de los artistas más avanzados – incluyo aquí a María Cañas – y la opinión del público y también de creadores más cercanos a la producción tradicional. Entonces, con estos mimbres se ha juzgado el cartel de María sin entender muy bien los últimos ochenta años de la historia del arte. Aquí el entendimiento era imposible ontológicamente dado que el concepto de arte manejado por Cañas: el arte como un flujo de creatividad humana intemporal donde la obra artística es una mera manifestación momentáneas de un espíritu creativo universal, le era desconocido a quienes en nombre del AUTOR le lanzaban piedras.

Desde esta perspectiva lo que se ha manifestado no es un ataque a la persona de Cañas, sino la manifestación de un malestar general con el arte moderno y sus actuales representantes - una suerte de ajuste de cuentas -. Cuando María Cañas toma una imagen encontrada y la usa directamente se sitúa en el espíritu de la época – y a favor del mismo para lo mejor y lo peor –. Reciclar imágenes forma parte de la cultura del meme y del narcisismo de Instagram, el aporte de la artista es dotar a ese juego de una intención estética, pero su técnica es algo común hoy y representa un acto que ocurre miles de veces al día en las redes sociales. Dentro de la Sociedad del Espectácula el reciclado de imágenes y de discursos en un modus operandis. En términos generales, el reciclado de imágenes se sitúa del lado del poder principalmente, aunque también es usada por la disidencia. En todas partes vemos como periódicos pro sistema manipulan o tergiversan imágenes al mismo tiempo que quienes conspiran contra el gobierno también lo hacen. Conclusión, el apropiacionismo es pan nuestro de cada día.

Por otra parte el apropiacionismo, aunque desgastado ya – sí, es viejo – sigue siendo un medio para desafiar el monopolio de la imagen ejercido desde el poder y devenir apropiacionistas es un modo de salir del rol de espectadores al que hemos sido condenados.

En el momento actual, cuando toda la cultura occidental está siendo falsificada en aras de ser transformada en fetiche mercantil – lo que importa no es la torre de Pisa sino la foto delante de ella –, acusar a Cañas de robo es pueril. Al tomar una imagen de Internet situó a la red en el lugar que antes tenía la naturaleza, un espacio donde el artista puede tomar lo que quiera para inspirarse, este acto es en un primer momento libertador… pero sólo a medias: refuerza la virtualización del mundo. Vamos a explicar por qué.


SEGUNDA PARTE
LA AUTONOMÍA DEL ARTE ES - HOY -CONTRARIA A LA SUPERACIÓN DEL ARTE

Si bien la crítica de los defensores de las viejas formas – que es la que más virulentamente se ha manifestado en las redes - tiene poco que hacer frente a quienes en virtud de la ‘autonomía del arte’ se han posicionado junto a Cañas, la situación generada ha sacado a la luz un hecho: si casi toda la esfera del arte se ha posicionado en la defensa de María Cañas y su discurso es porque el apropiacinismo como medio está bien ubicado en la actual academia; o entras palabras, el apropiacionismo forma parte de las herramientas de la hegemonía actual. Además, la distancia entre esta élite cultural y prácticamente cualquiera que no pertenezca a ella ha puesto de manifiesto otro hecho de interés: que el arte actual es algo completamente ajeno al común de los mortales.

¿Qué ocurre? Lo que presenciamos es sólo un síntoma del proyecto inconcluso que en su día fueron las vanguardias. Al arte se le permitió hacer todo siempre y cuando se alejara de la vida cotidiana - la consecuencia es el choque de pareceres antes relatado -. Así como durante largo tiempo los tiranos permitieron que los filósofos criticaran al poder desde - y sólo dentro de - sus torres de marfil, las herramientas estéticas que pudieran haber servido para defendernos del aluvión espectacular en que nos vemos inmersos en esta "sucesión de imágenes sin experiencia”, quedaron atrapadas en la esfera del arte, alejadas del mundo real donde su uso masivo no espectacular podría haber detenido del monólogo del poder - ahora se usan, pero para amplificar su mensaje -.

De este modo, el hecho de que la gente no entienda la obra de Cañas hay que verlo como consecuencia del aislamiento del arte, de su propio soliloquio y de un culto a su autonomía promovido por las pequeñas élites que lo dirigen para su beneficio propio.

Aquí el nudo gordiano es el que sigue: se pretende un uso libre de las imágenes y la supresión de la autoría de las mismas, pero sin disolver el aura del creador. En otras palabras, la revolución hecha a medias elimina el concepto de obra original mientras mantiene la idea de firma de autor. ¿No hay una flagrante contradicción en todo esto?

En mi opinión la falsificación aquí estriba en pretender la autonomía del arte sin tocar su liberación de la tiranía de la mercancía, algo responsabilidad del arte actual en conjunto – no de Cañas – . Es cierto que la cultura es un palimpsesto infinito, pero un palimpsesto atrapado en las relaciones económicas y su realización sólo es posible en la supresión del modo de producción actual. Mientras tanto toda llamada a la autonomía del arte serán cantos de sirena.

Carlos de Castro - septiembre de 2017

1 comentario:

  1. José Vicente Serrano12/9/17 21:35

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